
Pareciera que los 'quince minutos de fama' del joven músico, catapultado por los medios cuando en medio de una violenta manifestación le rompieran su violÃn, están llegando a su fin tras un video en el que dice cosas muy diferentes a las que declarara antes.
Pocos segundos bastaron para que el mundo conociera al violinista venezolano Wuilly Arteaga. Su imagen se viralizó en un video en el que, ahogado en llanto, contó cómo las fuerzas de seguridad le habÃan destrozado su violÃn durante una manifestación opositora.
Era el 24 de mayo y las manifestaciones en contra del gobierno de Nicolás Maduro se prolongaban ya por más de 50 dÃas. Wuilly, que a partir de ese hecho se convirtió en el 'Ãcono de las protestas', mostró ante una cámara cómo habÃa quedado su instrumento musical tras un forcejeo con un integrante de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).
Después de esa aparición, que él mismo calificó posteriormente de fortuita, los medios de comunicación registraron cada participación suya en las protestas –algunas pacÃficas y otras muchas violentas– que causaron más de cien muertes en Venezuela entre abril y julio. Mientras él tocaba el violÃn, el acompañamiento sonoro lo proveÃan bombas molotov, piedras y gases lacrimógenos.
Rápidamente, y como nadie más, Artegaga se convirtió –en palabras de CNN– en el "sÃmbolo de las protestas" de una "juventud airada y pacÃfica" contra una "tiranÃa".
El olvidado violÃn
Pocas voces se ocuparon de recordar que el joven, de 23 años, pertenece al Sistema Nacional de Orquestas, una "obra social y cultural del Estado venezolano", según su página web, fundada en 1975 por el músico venezolano José Antonio Abreu, y que desde entonces cosecha reconocimientos y aplausos en el mundo entero como instrumento de inclusión social.
'El Sistema', como es conocido, ha tenido un decisivo apoyo económico en los gobiernos del fallecido presidente Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, lo que ha permitido que más 787 mil niños y jóvenes venezolanos de escasos recursos se formen como músicos.
De Washington a la cárcel
Menos de un mes después de que rompieran su violÃn, el joven Arteaga viajó a Washington, invitado por la fundación 'Victims of Communism', para "honrar a las vÃctimas venezolanas", según El Nacional.
Durante su visita a EE.UU. fue entrevistado por distintos medios internacionales cuya polÃtica editorial es adversa al gobierno de Maduro, como quedó registrado en sus redes sociales.
El mundo también pudo conocer que más tarde, el 22 de julio, durante otra manifestación, Wuilly fue herido en el rostro, presuntamente por las fuerzas del orden.
DÃas después, el 27 de julio, los medios denunciaron que en una protesta en Bello Campo, zona de clase media perteneciente al opositor municipio de Chacao –epicentro de las más violentas convocatorias opositoras–, se lo llevaron detenido. Al poco, una foto empezó a circular en las redes para denunciar las supuestas torturas que le habrÃan inflingido agentes de la GNB .
El 30 de julio, el joven músico fue imputado en tribunales por "instigación pública y posesión de sustancia incendiaria", según el diario Panorama, y permaneció detenido 19 dÃas hasta que el fiscal general, Tarek William Saab, anunció en su cuenta de Twitter que habÃa sido puesto en libertad condicional.
Tras su liberación, contó ante las cámaras que habÃa sido testigo de una violación en el vehÃculo militar donde lo trasladaron, y aseguró que fue torturado, quemado, sometido a vejaciones y que, debido a una fuerte golpiza, tuvo una hemorragia interna en el oÃdo.
La otra historia
Hasta esa parte, el relato es lineal. Sin embargo, en un video de casi media hora que circula en las redes y que fue transmitido por el canal del Estado, Wuilly cuenta otra versión de los hechos.
En el audiovisual, el joven, entrevistado por alguien a quien no se le ve el rostro, dice que antes fue simpatizante del gobierno de Chávez, pero que ahora es opositor a Maduro, a quien considera ilegÃtimo.
Al ser preguntado sobre la destrucción de su violÃn, el hecho que según él lo hizo 'famoso', respondió que tuvo un forcejeo con un guardia motorizado. Otro agente de seguridad se lo devolvió y allà grabaron el clip que le dio la vuelta al mundo.
"Los medios siempre intentan poner un titular amarillista para hacer viral una situación. Gran porcentaje de las personas están diciendo lo que ven en las redes sociales", afirma en la grabación.
"Me siento frustrado por la indiferencia de los polÃticos. ¿Con qué moral mandas a hacer un paro cuando te vas a Miami con tu familia? Si quieres hacer las cosas, hazlo tú, no mandes a otro", expresó con referencia al reciente viaje a esa ciudad de EE.UU. de Lilian Tintori, esposa del dirigente opositor Leopoldo López, quien cumple pena de prisión en su propia casa.
Sobre la herida que sufrió en su rostro por supuesta agresión de agentes de fuerzas del orden, dice que no vio al autor y que no perdió la conciencia tras el hecho.
Al ser preguntado por las presuntas torturas que él mismo denunció ante los medios, dijo que no lo maltrataron, a pesar de que "estaba preparado para lo peor".
"¿Qué estará diciendo la gente de lo que estoy pasando?", se cuestionó, y agregó que las fotos con su rostro golpeado corresponden a una agresión anterior, de la que fue vÃctima en medio de una protesta violenta en una zona pudiente de la capital venezolana.
"Cualquier cosa que digan es falsa", le soltó a su entrevistado.
Poco después de ser difundidas estas declaraciones, que se hicieron virales en las redes sociales, el joven músico dijo que habÃa sido grabado bajo coacción mientras estuvo detenido, cuando durante varios dÃas lo obligaron a usar la misma ropa.
"Estoy dispuesto a declarar lo que sea necesario para mantener mi mensaje de libertad, de arte y de unión por Venezuela", expresó, según El Nacional.
Luego de tres meses de haberse hecho famoso ante el mundo, algunos usuarios le manifiestan su apoyo, otros dicen que ha sido utilizado por la oposición y algunos más critican duramente sus testimonios.
Un reconocido historiador venezolano, antichavista, y un dirigente opositor, también participaron en la polémica que aún no termina. Habrá qué esperar.
Nathali Gómez

